SUSANA SEEBER DE MIHURA
DE SU DIARIO PERSONAL [11]

             TÍA CARLOTA

LA BASE DE SU SEMEJANZA CON MAMÁ, FUE SU AMOR, ESE AMOR «IMPERSONAL» A LAS PERSONAS Y A LAS COSAS. Y EN MAMÁ EL AMOR,
MÁS GRANDE AÚN, DE DIOS EN LAS COSAS HUMANAS
 

[Ha muerto Carlota, la tía soltera de Susana mujer que influyera notablemente sobre la familia. Ha muerto sin gran diferencia con la madre de Susana y del nacimiento del hijo de Susana. La convergencia del nacimiento y las muertes despierta en Susana experiencias nuevas sobre la vida y el amor. El «chico» se ha convertido así en un catalizador y en un eje nuevo alrededor gira ahora el sentir y la mente de Susana; una fuente de inspiración y de reorganización de las experiencias de su vida pasada y presente]

1935 – Junio [2] 
Carlota ha muerto. Tenía 80 años pero  no es una vieja la que ha muerto sino una mujer joven, tan joven como cuando le contaba de mis flirts con más confianza que a una amiga. Pienso ahora por qué no era vieja, y quisiera no olvidarme para cuando y envejezca.
           Seguía sintiendo con un corazón joven: queriendo — y no queriendo — con la fuerza de una mujer joven. Y queriendo a través de generaciones. Gozando y sufriendo con los que quería. Nunca hablaba de ella: escuchaba, y su vida era parte de mi vida y de la de las otras que iban a verla (no por obligación, sino porque con ella se podía hablar libremente). No tenía ninguna estrechez, ningún límite en su alma. Ni en las cosas grandes ni en las chicas. Ni en su casa, que era casa de jóvenes, donde lámparas, cortinas y colores iban cambiando con la moda, aunque eran siempre los mismos muebles viejos. Eso es la juventud: no ser una cosa concluida, fija, inmutable, sino mantener un continuar latente.

***

Hay muertes que uno llora porque se quería a alguien que no se volverá a ver. Pero la muerte de mamá y de Carlota es la muerte de una parte de mi mundo, de mi vida. «Hay poca diferencia entre la gente, pero la poca que hay es importante». Esa «poca diferencia» es lo que hacía de ellas dos caracteres. Esa diferencia, tan poca y tan inmensa, que no he conocido más que en tres persona en toda mi vida, ellas y Francisco Mihura.
            Pensaba en ellas, ayer en lo de Francisco y en qué tenían de común. Y me parece que la base de su semejanza es su amor, el amor «impersonal» a las personas y a las cosa. Y en mamá el amor, más grande aún, de Dios en las cosas humanas.

*** 

1935 – Julio [Prosiguen consideraciones sobre el amor que da felicidad o no]
He protestado con los novelistas y con los cuentos, con la creencia de todos, de que el «amor» es la felicidad. No es ese amor el que da la felicidad, aunque tiene momentos de felicidad intensa. Es el amor al lugar donde vivimos, a la gente que nos rodea, a las ideas entre las que vivimos, lo que a a las pequeñeces de cada día el glamour, la luz, y es esa luz la que es la felicidad.

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