SUSANA SEEBER DE MIHURA
DE SU DIARIO PERSONAL [1]

ME PARECE
QUE VOY A TENER UN CHICO

Susana Seeber de Mihura nació en una familia de la sociedad porteña el 8 de marzo de 1904 y murió en Buenos Aires el 21 de enero de 1953, joven madre de cuatro hijos habidos en su matrimonio con Enrique Mihura. El desenlace y culminación de esta vida está signado por la experiencia transformante de la conversión religiosa de la autora. Cómo relata la experiencia nueva de encontrarse embarazada y de «cursar» su primera maternidad, expuesta con la sinceridad de una auténtica «confesión» — en el sentido agustiniano del término — es lo que iremos viendo por medio de páginas selectas de su DIARIO PERSONAL. El 15 de setiembre de 1950, a sus 46 años de edad y sólo a unos dos años antes de su muerte, anota esto en su Diario Personal:

«Yo quisiera ser santa (y no sé si estará bien), no por mí, sino para que el  mundo viera que se puede llegar al perfecto amor de Cristo, partiendo, no de la inocencia y de la fe, sino de la malicia y la incredulidad del mundo en que vivimos. Yo quisiera, más que nada, que este diario mío, que es el diario de  una mujer cualquiera de esta época, que ha vivido la misma vida de todas, superficial y «existencialista» (en el peor sentido), se transformara en el diario de una santa. No de una «santa» al estilo de los libros piadosos ( y que es lo que el mundo cree que es una santa), sino de una santa sólo porque conoció , amó y sirvió a Dios con toda la capacidad de su inteligencia, de su corazón y de su voluntad (Diario Personal, 15 de septiembre de 1950).  En estas entregas seleccionaremos de entre tantos pasajes de sus riquísimos contenidos aquellos que tienen que ver con los comienzos de su experiencia maternal, desde el momento que experimenta que puede estar embarazada de su primer hijo. 

                                                                          [….]

DIARIO PERSONAL 1933 – 1944

Reproducimos textos de este Diario con la autorización que agradecemos a su hijo, el Prof. Dr. Federico Mihura 

Julio – 1933 – «Quizás sean superficialidades las cosas por las que sufro. Será que no tengo bastante corazón, no tengo bastante vida interior, que no me es suficiente el amor. Debería ser feliz, he hecho lo posible por convencerme. Y un buen día no puedo más, y no puedo reaccionar. Tengo una tristeza tan honda. Lo único que me interesa todavía es escribir, pero no creo que valga nada lo que escribo. Hay momentos en que odio este paisaje. Yo que he amado tanto los árboles y el cielo, estoy ahora tan lejos de ellos. Tan indiferente como si todo estuviera muerto.

Octubre – 1933 – «Me parece que voy a tener un chico. Un hijo mío. No lo necesitaba, no lo quería. Pero si es cierto que voy a tener un hijo, ¡oh, que Dios me ayude a que sea el hijo que he soñado! Toda mi alma, toda entera quiero dársela. Un hijo que exprese lo que yo no he podido expresar. Un hijo con todo mi ardiente, ardiente deseo de belleza y justicia. Y que sea hombre. Que esté libre de debilidades porque sea un hombre.
           Me he sentido tanto tiempo muerta, leyendo extrañada todas esas páginas que escribía [antes] sobre mi amor a todo, y mis sueños, y mi entusiasmo. Ahora me parece que vuelvo a vivir, para que él sea lo que yo quise ser.
           Dos frases se repiten siempre en mí, dos frases que me hicieron desear un hijo cuando las leí por primera vez: Hort der Welt, lachender Held [= Tesoro del mundo, héroe sonriente Wagner, Sigfrido] Eso es lo que quiero que nazca de mí: lachender Held. Le voy a hacer una cuna que lleve grabado: «Bueno como el pan, puro como el cristal, ardiente como el fuego» ¡Oh, y si es verdad que todo no es pura materia, si es verdad que en algo influye el espíritu, mi hijo va a ser «lachender Held»! Que tenga de su padre la pureza, la bondad, yo le enseñaré a conocer la belleza y a ver más lejos.

Noviembre – 1933 – Voy a tener un hijo, ahora estoy segura. La materia y el espíritu en contra, como siempre, dentro de mí. Si piensa mi espíritu, es la vida, el principio: verter dentro de un vaso, más bello, toda mi alma; mi amor, mi entusiasmo, mi ardiente deseo de justicia y de belleza. Es esperar que él pueda darles la forma que yo no supe darles. ¡Oh, y que no sea mujer, una pobre mujer, prisionera da la naturaleza! No quiero darle vida a una mujer, que sufrirá sin poder realizar más que esto que estoy realizando yo: trasmutar, dar la vida. Quiero un hijo, un hombre; sano y fuerte, y capaz de crear en el espíritu, de dar algo al mundo, de levantar una bella, bella catedral, un himno.
           Y después, es la materia, y sufro. Un hijo ¿para qué? Para que sea un ser humano más, anónimo e inútil: un pobre trabajador. Pero no, mi  hijo no puede ser así. Todavía no es una realidad, no lo siento dentro de mí. Es con mi razón solamente que lo veo. No sé qué sentiré el día que sienta a mi hijo; no sé nada de amor maternal, nada: nunca me lo he imaginado, nunca lo he comprendido. No sé qué es ese nuevo amor que aparecerá en mí; ni sé cuándo ni si lo sentiré, ni cómo me modificará. Estoy esperando, como en la puerta abierta de mi casa, en la oscuridad, tratando de ver en las tinieblas.
            A veces, recordando cómo hubiera sentido eso antes, cuando era yo sola, me da miedo. Hasta ese punto el amor de un hombre me ha hecho cobarde, me ha quitado la fuerza de mi idealismo: porque antes no hubieran luchado en mí la materia y el espíritu. Un hijo hubiera sido solamente el hijo de mi espíritu.

***

En días de tormenta como hoy, cuando el viento me echa atrás el pelo, y me arrastra y me abraza, siento mi alma como de antes. Todos los deseos y todos los sueños se despiertan adentro mí, y ese grito de ser libre.
          Quisiera poder soñar como antes, quisiera poder dejarme arrastrar por el viento, quisiera entregarme toda entera a mis sueños y gozar otra vez ese placer de vivir en mi fantasía, y ya no puedo. Cómo se ha vuelto de real todo en mi vida, todo lo que me rodea, los hombres, el cielo, el presente y el porvenir; todo es real, real, sin misterio. Todo es lo que es, y no hay una nubecita con la cual evadirse: es solamente el cielo azul, el sol deslumbrante, y el paisaje en esa luz terriblemente clara.

NOTA EDITORIAL: Estos textos se prestan al examen y discernimiento espiritual de consolaciones y desolaciones; de inspiraciones divinas y de pensamientos y estados de ánimo del enemigo de la mujer. Nada extraño e importantísimo saber reconocer en el alma femenina especialmente desde la experiencia de estar embarazada, durante la gestación, la lactancia etc.

4 comentarios en «SUSANA SEEBER DE MIHURA
DE SU DIARIO PERSONAL [1]
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  1. Me parece una tarea titánica la del discernimiento de espíritus. ¿Será posible que uno pueda lograrlo con fe, oración, sacramentos, penitencias…? o, ¿es indispensable tener siempre un director espiritual que nos guíe? Ese director, ¿puede ser un buen libro, o un blog como este que a tantos ha hecho bien? Cuando uno se encuentra desorientado, ¿puede uno fiarse de las inspiraciones que parecen llegar al auxilio?

    1. Estimada Laura: El discernimiento no es «una tarea». Es una gracia, es un don de Dios, como todo lo relativo a las virtudes teologales fe, esperanza y caridad, que son las que hacen posible la relación personal con Dios. Es un don del Espíritu Santo, que pertenece a los dones que perfeccionan el conocimiento: Sabiduría, Inteligencia, ciencia, consejo. Y a todo esto lo perfecciona la tradición de la Iglesia por los escritos de sus Santos (por ejemplo san Ignacio de Loyola, Padres y Doctores de la Iglesia, Papas y Obispos, o sea la Iglesia docente.
      Tampoco se puede «lograr», sino que «se recibe» sí por el ejercicio de la fe, esperanza y caridad, sacramentos, lectura y meditación de las Escrituras. Por el Bautismo y demás sacramentos Dios Padre nos va engendrando si vivimos de cara al Padre y si cumplimos filialmente, como hijos su voluntad expresada en los diez mandamientos y en las enseñanzas de Jesucristo y los Apóstoles. A ello se tiene acceso por la familiaridad con las Sagradas Escrituras. Es el Espíritu santo interiormente y los hechos exteriores con los que Dios habla y el Espíritu nos enseña a entender, como el Padre nos guía «engendrándonos» en gozo y paz, incluso en medio de lo adverso o lo doloroso. Aún lo que escapa a nuestra voluntad o comprensión puede ser palabra de Dios para nosotros. El camino de Dios muy a menudo nos lleva por donde no quisiéramos o no imaginábamos. Es un camino de sorpresas pero no desprovisto de carteles de alertas, mandatos y prohibiciones.
      La comunidad de personas religiosas y santas, además de la guía de sacerdotes santos e instruídos. Pero no es indispensable tener un «director» espiritual, ni es misión de un sacerdote el «dirigir» sino el reconocer y ayudar a reconocer los signos de la voluntad de Dios. Eso es lo que procura San Ignacio que el acompañante de las almas les ayude a ejercitar sus gracias bautismales y virtudes teologales ejercitándolas en ejercicios espirirtuales. San Ignacio dice «Por el nombre de Ejercicios espirituales, se entiende todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mental, y de otras espirituales operaciones, según que adelante se dirá. Porque así como el pasear, caminar y correr son ejercicios corporales; por la misma manera TODO MODO de preparar y disponer el alma, 1º PARA quitar de sí todas las afecciones desordenadas (o sea ordenar a Dios las propias pasiones) y después de ordenadas, 2º PARA BUSCAR Y HALLAR la voluntad de Dios en la DISPOSICIÓN DE SU VIDA (vivir de cara al Padre y no a uno mismo o a los demás) 3º PARA la salud de su alma, se llaman Ejercicios Espirituales. (O sea hay que hacer actos de fe, de esperanza de caridad).
      Si uno puede fiarse o no de las inspiraciones que parecen llegar en su auxilio al encontrarse desorientado, depende de su estado espiritual. O sea si está viviendo en gracia de Dios, o si está viviendo una vida de pecados en que quiere o aún no logra vivir según los mandamientos, o si por el contrario Dios lo ha auxiliado para dejar la vida pecadora y vivir en gracia, es decir cumpliendo la voluntad de Dios expresada en los mandamientos y palabras del Señor y los Apóstoles.
      Esto mismo se lo estoy enviando como respuesta persona a su dirección electrónica Padre Horacio Bojorge

      1. Ahora lo veo claro, padre. Todo es una gracia, un don de Dios que uno debe implorar con humildad. La parte que a nosotros nos corresponde, como nuestra respuesta y cooperación con la gracia de Dios, es vivir (como usted dice) de cara al Padre, obedeciendo sus mandamientos, y viviendo la vida de la fe que nos enseña en su Palabra, en su Iglesia. De esta manera estaremos preparados para advertir la llegada de los pensa-monios, desenmascararlos y rechazarlos.
        Le agradezco mucho su respuesta; no cabe duda de que Dios no nos deja solos. «Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.» Mateo 7, 7-8.
        Padre, que Dios lo bendiga siempre y le siga dando sabiduría y paciencia para ayudarnos a reconocer los signos de la voluntad de Dios en nuestra vida. Que la Virgen lo proteja y acompañe.

  2. Susana de Mihura: Mujer culta, contemplativa y reflexiva, pero «encerrada» y grita por libertad.
    Julio 1933: Esclava de la duda, la que pone en jaque cuanto es y aspira. «Alguien» siembra en ella, atacándola en la descalificación de su ser más profundo, de lo bueno. Hasta encierra en la tristeza, que mata.
    octubre 1933: La sospecha de la maternidad -ante la cual parece estaba indiferente (miedo?) – la abre a la esperanza y al gozo: describe cómo desearía que fuera su hijo, en pocas palabras aparece la fluctuación de los espíritus y es capaz de leer la etapa anterior de su vida (discierne, gracia).
    noviembre 1933: la certeza de la maternidad, la abre, le permite soñar ( la esperanza); todo se vuelve la luz y el gozo. Un hijo, porque no quiere una hija (centro y dueña), que sea su prolongación y realización plena de lo que ella no pudo ser. La maternidad la vuelve a lo real.
    El mundo de la oscuridad; duda, miedo encierro, tristeza, descalificación VERSUS: luz, confianza, esperanza, amor, donación; gozo. QUÉ LUCHA EN ESE INTERIOR. La ley de la carne y del espíritu que desarrolla Pablo en Rom.7.

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