TESTIMONIO DE ENENIA – PRINCIPIO Y FIN

SENTÍ TRISTEZA POR NO SER LA PREFERIDA DE JESÚS

En las siete entradas anteriores resumí el proceso de sanación de Enenia.
Al final del relato del proceso quiero volver a antes del comienzo.
En realidad, Enenia se movió a escribirme cuando encontró en mi blog la doctrina acerca de la esponsalidad con Cristo.
Ella ya había sido iniciada por el Espíritu en ese camino interior de la relación esponsal con Cristo, aún en medio de las tremendas vejaciones que venía sufriendo.
Al retomar este primer intercambio con ella, lo experimento a la vez como una despedida. Y me asombra comprobar que lo que fue comienzo calza perfectamente como epílogo y despedida.
Ella estaba viviendo una sincera esponsalidad con Cristo, pero sufría vejaciones y consiguiente falsa culpa.
Pero su amor esponsal estaba intacto desde el principio.

ENENIA: Hola Padre, nuevamente. Al leer las experiencias de algunas mujeres respecto de como el Amor de Dios las ha seducido para un amor esponsal, sentí cierta tristeza porque yo pensaba que esto le pasaba a muy pocas personas y que yo era preferida de Jesús, pero resulta que no. Ahora, no se qué pensar, me desanimo y ahora sí entendí que la Esposa de Jesús es La Iglesia, o sea somos todas y cada una de las personas que formamos la Iglesia. ¿Será esto que me pasó, egoísmo o un Amor que todavía yo no he entendido?

P. HORACIO: Estimada Enenia: Querida hija de Dios y esposa de mi Señor ¡Iglesia individual concreta! Beso tu mano de Esposa de Cristo y doy gracias a tu Esposo porque ha permitido que experimentaras en ti misma el mordisco del demonio de la acedia y te entristecieras por un bien del que deberías alegrarte. Ese demonio mentiroso te hace sentirte como «una hurí más»; y a la Iglesia como una especie de harem de Jesucristo, que como un musulmán tiene muchas mujeres.

No entiendes aún este misterio de la Iglesia Esposa del Cordero. La Iglesia esposa del Verbo hecho hombre. Para vencer esa tentación que tiene su punto de apoyo en tu ignorancia acerca de la identidad de Jesucristo tu esposo, esposo de tu alma, detente a meditar que Jesucristo es verdadero hombre pero también verdadero Dios y Verbo del Padre. Jesucristo es el creador de tu alma en el seno de tu madre y desde allí te destinó a ser mujer y esposa suya, Iglesia en su realización individual concreta.

El Verbo de Dios crea a cada una como única. No crea dos iguales, no clona. Y a cada una la reconoce en su unicidad y la ama como única. Pero es necesaria la suma de todas las únicas para poder representar, por la suma de las perfecciones de cada una, a una Iglesia creatura, suma de todas las mujeres que, por la santidad, reflejan las perfecciones divinas.

Podríamos decir que lo que hay de reflejo de Dios en ti es único y sólo se refleja en ti. Pero ese reflejo es sólo como el reflejo, en un cairel o cristal de la araña de luz, donde se refleja la luz divina a la vez en todos los caireles de una sola lámpara. El amor de Dios se refleja en ti un poquito y ese poquito te llena. Pero ese poquito no agota la perfección divina que necesita la suma y multitud (creced y mutiplicáos y llenad la tierra) para reflejar la inagotable perfección de Dios.

Esa moción de celos acerca de la que me preguntas no viene, naturalmente, del Buen Espíritu. Proviene en parte de tu ignorancia del misterio y en parte de una mentirosa insinuación demoníaca. E hiciste bien en no hacerle lugar en tu mente y en tu alma, a esa tentación de acedia . Ojalá que muchas mujeres se sepan únicas para Cristo y a la vez no sientan celos. Al contrario. Se alegren de que sean muchas las que responden con un Sí al amor de Jesús que les solicita dejarse amar por él y responderle amándolo. El amor de las demás no quita nada al tuyo, le da amor al que tú amas y que merece ser amado mucho más de lo que tu sola podrías amarlo.

Esa tentación , que no eres la única en sufrir, hace pensar más en lo que se piensa no recibir. que en lo que la caridad perfecta le desea a Jesús: Que no sólo yo lo ame como Esposo, sino que todas lo amen como Esposo, porque Él merece ser amado con amor total por todas. Y todos los amores de todas las mujeres, nada disminuyen ni el amor, ni la atención y los mimos que te brinda Jesús Esposo desde mucho antes de que te atacara este pensamiento.

A esa tentación de acedia tes opusiste en seguida y la rechazaste inmediatamente. En realidad, si me escribes, es para disipar la duda de que haber tenido ese pensamiento te hiciese culpable y ofendiera a tu Esposo. Si la presentas a Jesús tu Esposo la desbartará y te defenderá de ella, como lo estoy haciendo yo. Díselo directamente a Jesús mismo, como de esposa a esposo, y Él leerá en ti el temor de ofenderlo o desagradarle y te bañará el alma, con una sola palabra. Mientras que ¡mira cuántas vengo amontonando, y no bastan a disipar esa nube de tristeza con que ha invadido tu alma el tentador de acedia. Acude pues a la Luz y él te iluminará.+ Nuevamente, beso tu mano como esposa de mi Señor y te bendigo. Padre Horacio Bojorge El amigo de tu Esposo

ENENIA: Hola Padre Horacio, leí los correos y estoy empezando a entender muchas cosas. Lo entiendo, en cuanto a que a usted le queda difícil escribir tantas veces lo mismo y a tantas personas, y por eso he entrado a su blog y también a las direcciones que me envía.
Sentí una inmensa tranquilidad y paz envolvente y se me están clarificando algunas dudas después de haber leído sus correos. Padre Horacio, le agradezco por su tiempo, su colaboración y sus respuestas; empiezo a entender que es hermoso lo que me está sucediendo, pero a la vez entiendo que todo no será gozo y que habrá sufrimiento; yo no quisiese sufrir tanto, pues me da desánimo ver que hay personas que no sufren tanto. Gozan mucho en esta vida y luego mueren, van al purgatorio y después al cielo.

Siento una exigencia muy elevada a sufrir por amor a Mi Divino Esposo, porque yo, ya le dije que sí a Su declaración de amor. Ahora viene lo difícil: perseverar y serle fiel hasta el final de mi vida aquí en la tierra.
Bueno, Padre Horacio, nuevamente le doy gracias por todo lo que me ha ayudado, sin su ayuda estaría en un desespero y desánimo.
Que mi Dulce y Divino Esposo Jesús Nuestro Señor y Salvador y La Virgencita María Madre de Dios y Madre Nuestra, lo bendigan abundantemente siempre…. Enenia

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