TESTIMONIOS [3] María Mercedes
SATANÁS VIOLADOR DEL ALMA

Querido Padre Horacio:
Solo quería comentarle que leí el artículo que me sugirió
de su blog: «La Serpiente y la tentación a la mujer como violación del alma»

     Contiene un análisis interesante y muy real en cuanto a la
naturaleza de la mujer, y sus daños por el pecado original. Me ayudó a reconocerme; a darme cuenta, de que existe en mí ese
sentimiento de que yo soy «conocedora»de la verdad: el sentimiento de «yo lo
sé todo»o «yo lo puedo todo»; y como consecuencia, tenerme por incorruptible ante las
tentaciones humanas o eventualmente inmune a ser engañada. 
     Sé que, a veces, tengo una actitud confrontadora al decir mi
parecer o punto de vista 
(me cuesta aceptar opiniones diferentes a las mías). 
      Reconozco en mí esa «soberbia» contra la que debo luchar diariamente. Me cuesta descansar en
Dios
, es decir fiarme de él, confiar en él, puesto que soy una persona que le gusta tomar un rol activo e
independiente. Reconozco que no tengo y debería tener la actitud de confiar y tener seguridad en el plan que Dios tiene para mí. Y dejarme guiar y conducir por Él. Eso lo sé, y lo reconozco.

        Igualmente,no sé si me terminé de expresar bien el viernes, cuando hablamos por Skype.
Me gustó que me halla remarcado aquéllo de «que no es prudente arriesgarse a ponerse en situaciones que una cree poder manejar pero de las que debería tener en cuenta que, en realidad, no tiene el total control.
       Por ejemplo: esa actitud de «abierta» (a la que yo me refería el viernes) y que en realidad es temeraria, sin advertirlo. No saber pues, realmente, hasta qué punto,
puedo relacionarme con malas compañías o gente que me puede terminar haciendo
mal; que puede llevarme por mal camino y no terminar con un buen final; que pueden lograr corromperme. Quizás con mi actitud de «nada me puede pasar»,ahí se
encuentra mi error,mi naturaleza dañada como mujer,el creerme Dios. 
       Pero también sigo convencida de que un buen hombre,o el hombre
de tu vida
,puede llegar a ser un hombre no religioso o practicante de
fe. Es una relación que puede ser ardua y de una lucha constante. Pero conozco
casos concretos de matrimonios y noviazgos,donde el esposo/novio no era
creyente o practicante de la fe, y sin embargo lograba respetar a su mujer, y
amoldarse, por amor a ella, al estilo de vida que ella quería llevar. 
        Sé que
no es algo que abunde encontrar en la diaria. Pero me parece una prueba de AMOR muy grande
y habla muy bien de ese varón que, a pesar de no tener la religión marcada,
saber amar bien y de verdad. 
        La verdad es que yo aspiro a un hombre religioso y
practicante de la fe, pero también estoy «abierta»a recibir a un
hombre que pueda no ser practicante de la fe o religioso, con tal de que me ame de
verdad y, por lo tanto, me sepa respetar. Esto es a lo que me refería el otro día,el
comentario o acotación que quería hacer.
      Ojalá haya logrado expresar la idea. Una vez más,le agradezco
su buena disposición,el tiempo que me dedica y las ganas de escucharme. Saludos afectuosos. Su hija,
María Mercedes.

Querida hija:
Lo que yo deseaba señalarte y recalcarte, es que, una vez que la mujer se enamora de un hombre, el enamoramiento nubla en ella las virtudes de prudencia, justicia, fortaleza y templanza. 
Es por ejemplo lo que vemos suceder: que todos los que la quieren ven claramente que el varón del que se enamoró no es el bueno para ella, pero ella no logra poner en la balanza el juicio prudencial y el amor con que la aconsejan. Todos ven que se engaña y se lo dicen, pero ella no sólo no puede verlo, sino que no puede tener en cuenta el buen consejo de los que la aman. En eso consiste el encandilamiento que puede provocar la Serpiente. Su amor puede enceguecer su capacidad para percibir la verdad. Y entre los muchos aspectos de la verdad, está la visión de los que la aman de verdad y la aconsejan. La serpiente encandila, hipnotiza, se apodera de la atención y ya no permite ver. Algo así es lo que logran sus servidores en las sectas, cuando aislan al adepto cortando sus vínculos y solitarizando a su víctima. 

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