ENENIA: ACOSO PERMANENTE Y VEJACIONES
PROCESO DE LIBERACIÓN [3 de 7]

Segundo correo de Enenia ese mismo día.

Yo he tenido sueños eróticos y a veces he visto pornografía.
Y muy pocas veces, sin motivo,[1] me masturbo, y a veces pienso que voy a tener un hijo del malo[2].
 
Cuando pequeña[3] pensaba que el malo quería deleitarse con mis pechos, y es muy confuso pero lo veía en mi mente y no sé si era imaginación o en realidad una visión en mi mente, era un demonio negro [4]Padre si es posible darme el número de un teléfono celular o de un fijo para hablar con usted si lo considera usted prudente y conveniente si no pues no, nos seguimos comunicando por correo.
 
Después de una masturbación quedo débil [5] en ocasiones y lo otro que me ha sucedido es lo que le he contado tentaciones de pensamientos impuros con hombres a veces los acepto y los sostengo y siento ardor en la vagina y en ocasiones he tenido sangrados. También me parece que sepa que yo quería ser hombre[6] y lo que me sucede es que en la masturbación me comporto como varón[7] pero sintiendo al mismo tiempo que soy mujer.
 

[1] Nótese que sin motivo o estímulo exterior ni, al parecer, tampoco previas imaginaciones internas, o hasta al margen de su intención. El acto parece ajeno a lo voluntario.
[2] Intrusión perversa pero a la vez invitación a la alianza.
[3] El hostigamiento comienza desde niñas
[4] Circumdatio con imágenes interiores o visiones intelectuales. Ya de niña la tentación la induce a fijar atención en sus senos como mirados por “alguien” con una mirada maligna que no recuerda bien si era de deseo impuro o de odio. Esto sucede a una edad al pareer anteriora su menarquia y anterior a la maduración de su plena autoconciencia de mujer y del despertar sentimental amoroso. El intento aparentemente de este ataque del Maligno es separar lo genito-sexual y lo erógeno, de sus finalidades en la vida madura de una mujer, de la unión esponsal amorosa, que es su contexto o marco orientador o configurador.
La mirada es tal que sugiere una inculpación por su misma realidad corpórea femenina.
La culpa de ser mujer y de sus atributos de hermosura.
[5] Experiencia común a las de otras personas que atestiguan lomismo.
[6] Es posible inferir que ese ha sido otro pensamiento perturbador y confundente traído por el enemigo. En la línea de la desvalorización de su ser mujer y de las voces denigratorias que dice percibir interiormente.
[7] Más adelante aclaró que se siente varón porque al masturbarse lo hace con una almohada boca abajo, en posición del varón. Soy consciente que mi aproximación al relato no es la de un psicólogo con categorías de esa naturaleza, sino fundada en la convicción de la intrusión demoníaca en la sexualidad para desviarla de sus fines e inculparla por su misma esencia.

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