PESADILLA Y DESPERTAR DE LA BELLA DURMIENTE [9]
INTERVALO PSÍQUICO-ESPIRITUAL

                  LUCHA DE ANGELES CONTRA DEMONIOS                                          Óleo de Pieter Brueghel el Viejo 1562.

FOLLETÍN ENTREGA 

EFECTOS PSÍQUICOS
DE CAUSAS ESPIRITUALES
Pneumo-dolencias y Pneumo-terapia
Por Lic. Mariana Vogliazzo 

Pneumo-terapeuta

Su Página Web de consulta: Terapia católica

Hace poco me consultó una mujer joven, alrededor de 30 años, católica, la cual desde su infancia sufría impulsos  sexuales incontrolables que desembocaban en masturbaciones compulsivas, estos ataques empezaron desde muy temprana edad, bastante antes de la pubertad. Consultó al comienzo por depresión y ansiedad, pero al poco tiempo salió a luz su problema de desorden impureza sexual que, desde chica, la atormentaba con conductas compulsivas de índole sexual y luego con pensamientos de culpa y auto-punitivos por lo hecho, hasta llegar a tener pensamientos homosexuales, ideas de suicidio, pensamientos autodestructivos, etc.

El hecho de masturbaciones infantiles precoces, así como sus pensamientos intrusos pedófilos, homosexuales y auto-punitivos, sugirieron fuertemente, tras algunos encuentros, la causalidad o con-causalidad o para-causalidad demoníaca de sus padecimientos.

El Padre Horacio Bojorge publica en este Blog del Buen Amor en las 28 entradas dedicadas al carácter demoniaco de la lujuria y las patologías sexuales que anteceden a ésta, numerosos casos similares al del que hemos partido, o sea de mujeres católicas sometidas a multiformes vejaciones sexuales bajo la apariencia de trastornos obsesivo-compulsivos o  de adicciones invencibles, experimentadas como verdaderas violaciones, ya que se le imponen al margen y aún contra su voluntad. Sin embargo no siempre se le manifiesta a la víctima la causalidad demoníaca de lo que le acontece y sufre.

En algunos casos por el hecho de haber padecido situaciones de abuso o violación cuando niño, reprimidas pero operativas, puede pensarse en una causa predisponente. Pero otras veces la vejación compulsiva se da sin ninguna causa predisponente, apareciendo de la nada y a edades muy tempranas, aún infantiles, sin que la niña prácticamente tenga conocimiento de lo que es el placer sexual ni el sexo en sí mismo, simplemente por el despertar, ajeno a su intención, de sensaciones placenteras en sus genitales y otras zonas erógenas, Estas sensaciones unas veces inconscientemente (como al rascar una picazón) o bien llamando su atención, al llamar su atención sobre sus zonas corpóreas sensibles, suscitando o no su curiosidad, y moviendo a la exploración, sin malicia ni conciencia de culpa, acaricia, aún distraídamente, las zonas placenteras.

Generalmente esta situación se instala como sucede con la costumbre de comerse las uñas, y puede perdurar hasta la madurez, a veces con intermitencias o bien en forma habitual permanente. Se suscita así en la persona – como sucedió en el caso que ocasiona estas líneas — un verdadero hábito compulsivo de estimulación genital. Sus manifestaciones y sus  efectos en la personalidad, en otros casos como éste, pueden ser variadas, afectando unas veces psíquica y moralmente la integridad de la persona (o sea la castidad), o en otros casos creando un estado de confusión existencial, que le hace interpretar lo que es una compulsión impuesta como una adicción culpable.

Este cuadro sintomático con el que nos encontramos en nuestra paciente nos pareció, de entrada, un caso de trastorno psíquico típico, apto para presentarlo como un caso de manual de psicología. O sea nos pareció uno de esos estados de enajenación de la persona, o de episodios de delirio o de alucinación, en donde la generalidad de los profesionales de la salud mental prescriben neurolépticos o antidepresivos.

Pero el caso al que nos vimos enfrentados resultó, al poco tiempo, que se correspondía perfectamente con un cuadro psicológico frecuente. Su esencia espiritual es algo que por lo general no pueden reconocer los psicólogos o psiquiatras, pero sí  conocen y reconocen los exorcistas como una vejación de naturaleza demoníaca con efectos psíquicos y corporales en los que predominan los rasgos impulsivos y compulsivos aún si rechazados.

Según Balducci, experto exorcista, estos actos compulsivos pueden definirse como impulsos, o sea empujones por lo general totalmente inesperados y sorpresivos, [Como los empujones padecidos por Eutimia] que de manera violenta e independiente, sin previa consulta, evaden por sorpresa el dominio de la voluntad y no dan lugar a su libre resistencia. Son comparables a lo que, en el pensamiento escolástico, se les llama actus primo primi

Nota [1] Balducci Corrado. Los endemoniados, hoy. Editorial Marfil, S.A. 1865, p. 129: Los actos impulsivos, llamados también impulsos, son actos que se sacuden, de manera violenta e independiente, el dominio de una voluntad libre. El individuo no tiene tiempo de razonar, de pensar en el acto que improvisada, inevitablemente, logra su realización externa. En tales casos se tiene verdaderamente la impresión de una fuerza externa que, posesionándose de un individuo, le fuerza a las acciones más imprevistas, eliminando toda posibilidad de reacción y de control.

En ellos el individuo no tiene tiempo de razonar, de pensar en el acto que lo acomete y lo mueve por sorpresa – como un empujón por la espalda a Eutimia – y desencadena en él efectos de naturaleza psíquica, imaginaria, hormonal y fisiológicos-corpóreos. En tales casos se tiene con toda razón la impresión de una fuerza ajena a la voluntad como son los actos del sistema nervioso vegetativo, que al margen de toda acción causal del paciente, operan en él acciones imprevistas e irresistibles (comparables a una diarrea imparable), eliminando toda posibilidad de reacción y de control.

El demonio puede actuar como el ladrón de un auto ajeno. Es decir dada la compulsión, le sigue irremediablemente el acto sin mediación de la razón, como por vía neurovegetativa. Se trata, pues, de una fuerza externa a la voluntad y que opera en la persona un acto anti o in-voluntario. Este tipo de actos, sintomáticamente, son idénticos a los que tienen una causa puramente neuro-vegativa. Pero dado que el demonio tiene capacidad de producir efectos físicos [Nota 2], es posible que – algunas veces – su causa primera sea de naturaleza demoníaca, moviendo las potencias humanas corpóreas y mentales. En consecuencia, ante un mismo efecto no es fácil detectar la naturaleza natural o sobrenatural de su causa. No son muchos los psicólogos y psiquiatras capaces de desambiguar la naturaleza de ambas causas posibles.

[2] Vogliazzo, Mariana; La Influencia de los ángeles sobre el psiquismo, X Jornada de Psicología Cristiana; tambien ver en el Blog del Buen Smor del P. Bojorge esta entrada 

En la tradición espiritual cristiana, los grandes maestros espirituales como los Padres del Desierto elaboraron y nos legaron una doctrina de discernimiento que permite reconocer el influjo causal del demonio que influye (influentia) o merodea rondando (circumdatio) o vejando (vexatio) el psiquismo del ser humano, e induciendo estados mentales y corpóreos, sin concausa voluntaria racional de su víctima. Justamente entre los diferentes trastornos, afirma Balducci- el acto impulsivo es aquel que – más que otro alguno- se presta a simular la fenomenología psíquica de la posesión, lo que efectivamente revela un verdadero desdoblamiento de la conducta del sujeto [Nota 3]

[3] Balducci Corrado. Los endemoniados, hoy. Editorial Marfil, S.A. 1865, p. 130

Pues bien, extrapolando nuestras afirmaciones más allá de nuestro caso clínico particular, podemos afirmar que la mayoría de las personas que llegan a consulta con pasiones desordenadas que han llegado a doblegar toda su persona [y a veces doblegado hasta su voluntad mediante halagos o mentiras o temores] y a someterlas a todo tipo de situaciones alienantes o conductas antinaturales, pueden ser ejemplos típicos del poder de enajenación que pueden tener ciertos influjos demoníacos sobre nuestro psiquismo y/o nuestro organismo, en forma de impulsos irrefrenables.

En definitiva lo que estoy afirmando es la existencia de una causa sobrenatural en el origen de muchas dolencias psíquicas, ya sea como causa primera desencadenante de una cadena de concausas, ya sea como enganchándose en una cadena precedente.

Dicha causa puede estar dada, como queda dicho, por una directa o indirecta acción causal del demonio en nuestra persona, disfrazado bajo la apariencia de síntomas psíquicos. En el caso descripto de masturbaciones infantiles compulsivas se ve claramente esta acción vejatoria que busca atormentar el alma de la niña, inicialmente ajena a toda intención maliciosa, movida por pura exploración placentera de su partes eróticas sin conocimiento ninguno de lo que es un acto sexual. Esta niña, sin registro previo ni en su memoria ni en su imaginación de tal placer, comienza a practicar actos que para ella misma resultan desconocidos y se instalan como hábitos no maliciosos, al margen de su conciencia y su voluntad.

Hábitos predisponentes a la lujuria o hegemonía erótica
Pero no cabe duda de que esyos hábitos son predisponentes. Predisponen a la intemperancia erótica y a la búsqueda del placer sexual por sí mismo y no como un accesorio de las metas últimas del amor entre varón y mujer. Predisponen a que, llegadas la pubertad y adolescencia, ya sea porque despierta la curiosidad, ya sea porque un abuso o molestia sexual prematura, el sexo usurpe el trono del amor, y de accesorio se convierta en regente de la persona. Otra causa de esta inversión puede consistir en que se es testigo de conductas erótico-sexuales de adultos, ya sea en familias, ya en espectáculos públicos. En esos casos, cuando el sexo [accesorio del amor] destrona al amor como gobernante de la vida y del sexo, el varón y la mujer se alienan en la búsqueda del placer sexual. En ese proceso, si no ha despertado antes, experimentará ahora la inculpación de naturaleza demoníaca que va unida, para su desesperación, al encadenamiento y la esclavitud de la adicción.

Hábitos predisponentes a la neurosis
Ahora bien, este mecanismo psíquico puede ser perfectamente extrapolado también a otros vicios instalados en la personalidad cuyo origen fácilmente puede remontarse también a actos de carácter compulsivo acaecidos en la niñez que son los desencadenantes de pasiones desordenadas en la vida adulta; como por ejemplo gula, consumo de sustancias psicoactivas, lujuria, adicción al consumo, codicia, vanagloria, miedo o ira desordenadas, etc. Estas pasiones no educadas, con el paso del tiempo, van desarrollando una estructura de pensamientos viciosos que refuerzan la misma compulsión y o vicio, generando una muralla infranqueable para la percepción de la realidad y de la verdad objetiva, la cual es interpretada por los prismáticos del neurótico y subsumida en su sistema bajo su línea interpretativa falsa [4]

[4] Adler, El Carácter neurótico, ediciones Paidos, Barcelona, 1993.  En este libro Adler desarrolla su interesante perspectiva de  la neurosis como una línea interpretativa falsa de la realidad. Todo el cuadro neurótico, al igual que la totalidad de sus síntomas, por muy variados que sean, están no sólo influidos, sino también inclusive construidos en relación con un objetivo final ficticio. De esta manera el realismo filosófico se convierte en una exigencia ético y moral que es condición necesaria para la salud e integridad del hombre.

De esta forma el sistema de pensamientos viciosos del neurótico y sus pasiones desordenadas forman un binomio, un círculo vicioso que se retroalimenta recíprocamente, quedando el neurótico encerrado dentro de su subjetividad e inmanencia, lo cual le impide conectar su corazón – que es la unión de intelectus y voluntas sub natura- con la realidad.

El neurótico no puede conectarse, ni conocerse a sí mismo, ni ser lo que debe ser, porque su interioridad le está vedada. Komar ha insistido en su larga enseñanza sobre la importancia del realismo vivido y su relación con la salud mental . El neurótico vive, contrariamente, como extraño a su propia interioridad y a la realidad objetiva. Vive en su propio sistema inmanente e idealista, creado por pensamientos falsos y engañosos. [5]

[5] Ver Emilio Komar, La verdad como vigencia y dinamismo, Ediciones Sabiduría Cristiana, Buenos Aires, 2006

Comienzos de la desintegración precoz de la persona en la infancia
Es más, este proceso puede acontecer aun desde la tierna infancia, en donde los demonios o pensamientos intrusos como los llaman los Padres del desierto, van elaborando un sistema de convicciones falsas en la mente humana, de modo que una vez instalado ese sistema de convicciones a priori, la mente se inmuniza contra la percepción objetiva, descalificada por el filtro de las percepciones internas subjetivas [= delirios].
[Comentario del editor: los personajes de las revistas ilustradas infantiles del Capitán Marvel, o de Superman, o posteriormente los del hombre-máquina o los pokemon y otros venenos, y el mismo medio televisivo, producen la primera adicción, la adicción a la Tele y a todos sus productos, y la atrofia temprana de la propia capacidad creativa e imaginativa. Además sustituyen en el imaginario la figuras de varones normales, padres, tíos, abuelos, maestros, y lo pueblan de héroes forzudos delirio-génicos. Las ficciones lúdicas propias de la infancia, responden a la definición del «delirio». Son ficciones imaginarias «delirantes» vividas como realidad y vividas como realidad «construída» o «imbuida» mentalmente]

Retomando nuestra idea, decíamos que este mecanismo vejatorio con apariencia de síntomas compulsivos de origen psíquico puede replicarse, y de hecho se replica, en la mayoría de las adicciones, vicios, o enfermedades mentales. Así la acción del demonio bajo apariencia de síntomas psíquicos va desarrollando e induciendo en el mundo de lo imaginario y de las certezas, mecanismos psicológicos que con el paso del tiempo irán afianzando una estructura psíquica viciosa, en donde las pasiones desordenadas pueden comprometer seriamente la salud psíquica del sujeto; desarrollando una neurosis, una adicción, o una estructura de personalidad patológica, en donde la persona pierde totalmente el dominio profundo, voluntario y libre de su ser, quedando a merced de una fuerza extrínseca que se oculta detrás de su dolencia.
               En la génesis de esta estructura viciosa y alienante de la persona juega un papel central la triada imaginación – memoria- pasión. Intentaré a continuación explicar la participación de cada uno de estos componentes en las enfermedades espirituales.

Sojuzgamiento de la memoria
En primer lugar la vejación o el acto impulsivo sobrenatural—acaecido o no en la niñez—deja una impresión o una huella en la memoria. Esta representación está a su vez unida o asociada a un placer sensible. La memoria sensible actúa entonces como un gran reservorio de representaciones impresas desde nuestra más tierna infancia, las cuales persisten en ella de manera latente y pueden ser actualizadas o revividas en cualquier momento. Esto sucede por ejemplo cuando una imagen o pensamiento o moción del presente es asociada a una representación del pasado que subsiste en la memoria la cual a su vez está unida a un determinado placer. La repetición de este mecanismo hace que la asociación entre representación y placer se haga cada vez más intensa y fuerte alcanzando un gran poder de seducción, de manera de dominar y gobernar la conducta de la persona [6].

[6].Jean Claude Larchet, Terapéutica de las enfermedades espirituales, Ediciones Sígueme, Salamanca, España, 2014, p.98 : La memoria produce especialmente estos pensamientos porque conserva los recuerdos de las faltas precedentes, y las huellas de las pasiones imprimidas en otros tiempos, y sobre todo los del placer que iba ligado a ellas, lo cual da a sus representaciones un gran poder de seducción.

Digitación de las Pasiones
Se trata de un mecanismo autónomo, de manera que revivida o actualizada la representación en la memoria, automáticamente se desencadena, sin mediación racional, la pasión correspondiente que impele al acto directamente. Este es el proceso fundamental por el cual se desarrolla la compulsión, en el cual la asociación de representación o huella y el placer sensible es el rasgo central.
                En este sentido muchas de nuestras experiencias infantiles que consideramos ingenuas o inocentes pueden, sin embargo, tener un verdadero poder o influjo en nuestra vida adulta, como en el caso del placer experimentado por la niña en el acto de acariciar sus propios genitales, o en el caso en que fue víctima de abuso pedófilo, instalando en la mente de la ella una experiencia de los genitales propios o del abusador, totalmente independiente del amor generativo como si fuese algo en sí, y no como algo accesorio y secundario en el contexto del amor esponsal.

Por otra parte si al gran poder de seducción que tienen los placeres sensibles le sumamos además que la memoria es activada y excitada por los demonios, quienes buscan llevarnos a estos recuerdos para mantener las pasiones desordenadas y en lucha contra la razón [eclipsando por la lujuria la misma posibilidad de establecer entre varón y mujer una relación amorosa racional y personalizada], vemos la difícil situación en que el ser humano caído se encuentra.

De hecho los Santos Padres insisten en considerar la memoria como el lugar y la sede de las pasiones desordenadas. De esta forma el recuerdo del mal -o de las pasiones desordenadas – pasa a ser en el hombre caído una disposición habitual. El recuerdo del mal sustituye en varios grados al recuerdo del bien, el único que ocupaba la memoria al principio [7].

[7] Jean Claude Larchet, Terapéutica de las enfermedades espirituales, p. 98

El sojuzgamiento de la Imaginación
La otra potencia que juega un rol central junto con la memoria es la imaginación cuya función consiste principalmente en transformar las sensaciones, recuerdos, o percepciones en imágenes, como también producir imágenes nuevas en una función creadora. Podemos decir entonces que la imaginación es la facultad de la mente encargada de reproducir lo existente en la escala de lo sensible como una imagen mental relacionada con lo concreto y particular. Se encuentra estrictamente ligada al mundo sensible y en estrecha relación con el mundo de las pasiones. Leamos lo que dice Larchet al respecto:
Por una parte, la imaginación suscita las pasiones, ofreciéndoles el soporte sobre el que pueden practicarse y desarrollarse. Por otra parte, y sobre todo, las pasiones suscitan la actividad y las producciones de la imaginación: como se nutren ante todo de cosas imaginarias, llevan a ésta a dar a luz imágenes, (antiguas y nuevas) que les corresponden y les aportan el placer que ellas buscan [8].

[8 ] Jean Claude Larchet, Terapéutica de las enfermedades espirituales, p. 104-105

Injerencia demoníaca en la interacción de memoria-imágenes-pasiones
De esta forma la imaginación, al igual que la memoria, se convierte en una via regia para el desarrollo y crecimiento de todo tipo de pasiones desordenadas, en donde ambas se refuerzan mutuamente por una asociación refleja y automática. Esta doble interacción del binomio imagen-pasión es además reforzada por la Influencia y el Circumdatio o Merodeo de los demonios, los cuales pueden actuar y actúan constantemente sobre la imaginación creando toda suerte de imágenes. Con ello, a su vez, suscitan e incluso llegan a instalar reflejos condicionados de todo tipo de pasiones que mueven las glándulas, sus hormonas y gobiernan los órganos corporales y el entero metabolismo y la psiquis. Todo este proceso involuntario–repetimos- se dispara de manera automática y sin participación racional, como en el caso de las impulsiones.

Imaginación y memoria
En síntesis la imaginación y la memoria se constituyen, en el hombre caído, en las dos potencias fundamentales por medio o a través de las cuales entran en el alma del hombre las tentaciones y sugestiones del Maligno, las cuales se encuentran directamente relacionadas e implicadas en la activación y el desarrollo de las pasiones desordenadas que constituyen, a su vez, el sustrato de toda enfermedad psíquico-espiritual [9]

[9] Ver Larchet J.C, Terapéutica de las enfermedades espirituales, p. 97: En efecto, la memoria, junto con la imaginación, se convierte para el hombre en la principal vía por la que los pensamientos ajenos entran en su corazón y ocupan su espíritu, es una de las principales fuentes “de los pensamientos que la alienan”.  De ella recibe el nombre la mayoría de las representaciones que constituyen para el otras tantas sugestiones o tentaciones. Ella es, sobre todo, la que proporciona a su espíritu unos “pensamientos simples” que suscitan su apego apasionado.

Las pasiones, por último, son el tercer elemento junto con la memoria y la imaginación por donde puede entrar la acción del demonio en el alma humana y conducirla a su perversión, en tanto que ellas pueden ser inspiradas, o desencadenadas directamente por su influjo en la naturaleza sensible u orgánica. Nuevamente Larchet lo expresa con claridad:
«Con frecuencia los Padres llaman también a las pasiones – cuando actúan sustraídas al gobierno de la razón y la fe –, «espíritus malignos», o «espíritus malos», o «espíritus malvados»; porque ellas son inspiradas y sostenidas por los demonios, y ejercitan su influencia de los poderes demoníacos sobre el alma del ser humano. Además, cada tipo de pensamiento o de pasión tiene, según los Padres, un demonio que le corresponde y gobierna el alma. Por medio de cada pasión los demonios poseen en cierto modo el alma y el cuerpo del hombre, y ejercen sobre ellos todas sus potencias y órganos un poder tiránico» [10] .

[10] Jean Claude Larchet, Terapéutica de las enfermedades espirituales, p. 132. La acción vejatoria queda aquí  perfectamente ilustrada por Larchet a través del poder tiránico que las pasiones ejercen sobre el alma y el cuerpo  del hombre por influjo de los demonios.

Retroacción de las pasiones sobre la potencia imaginativa
Así, viceversa, las pasiones pueden, bajo su poder de fascinación, suscitar infinidad de imágenes nuevas o revivir imágenes del pasado que retroalimenten y refuercen la misma, generando un círculo vicioso entre pasión-imagen a la manera de un reflejo condicionado, una asociación o alianza. La persona es entonces dominada por un mecanismo autónomo de estímulo- respuesta o de impulso-acción. De esta manera a través de una pasión desordenada que aparece repentinamente puede esconderse una acción vejatoria del demonio bajo apariencia puramente psíquica, como la memoria de una imagen.
La pasión desordenada es una enfermedad de la psiquis

Nótese además que para los Padres Griegos la pasión desordenada es concebida como una enfermedad de manera muy real, no solo en un sentido metafórico o alegórico, pues así como las afecciones corporales pueden enfermar el cuerpo haciéndole perder su homeostasis y desequilibrar enteramente el metabolismo, de manera análoga, las afecciones anímicas desordenadas repercuten otro tanto enfermando al alma; se trata por lo de verdaderas enfermedades espirituales-anímicas [11].

[11] Ver Larchet, Obra citada, p. 418: Pues bien, los principales obstáculos para el progreso espiritual los constituyen las pasiones, que son, como hemos mostrado, otras tantas enfermedades mentales

Resumen
En síntesis concluimos que el demonio a través de su influjo directo—mediante todo lo psíquico — sobre lo corpóreo puede producir cualquier enfermedad orgánica y/o psíquica, al actuar de manera directa sobre nuestra naturaleza sensible, incidiendo en el desarrollo de múltiples síntomas psíquicos: alucinaciones, pensamientos obsesivos, compulsiones, ansiedad, depresión, pánico, miedo, lujuria, etc, perturbando, alterando, o impidiendo el juicio de la razón, y llevando al hombre a cometer infinidad de pecados – [por comisión u omisión] – que pueden comprometer su salud espiritual y su salvación eterna al desviarlo de la prosecución de su fin último.

TRATAMIENTO

El tratamiento principal para detectar este tipo de mecanismos vejatorios de naturaleza demoníaca consiste en el discernimiento de espíritus o de los pensamientos apasionados. Según la tradición monástica y patrística el conocimiento de esta técnica o arte es de necesidad de todos los que caminan hacia la perfección “de la Caridad” o “del amor divino”, tanto de los principiantes como avanzados.
Pero es también el método terapéutico por excelencia para develar y desenmascarar la estructura psíquica viciosa que azota al enfermo mental encadenándolo y sujetándolo bajo las redes de diversas tentaciones en forma de pensamientos intrusivos, falsos, y culpógenos, que el Padre Bojorge llama pensa-monios. En este sentido a) la lucha contra los pensamientos y b) el discernimiento de los mismos son la principal arma defensiva contra los demonios, y son, a la vez, el principal método terapéutico en las enfermedades de origen psíquico y- o espiritual. Sin esta ciencia y práctica no se puede hablar de que alguien tenga vida espiritual. Y estará entregado inevitablemente a engaños calamitosos.

Basándonos entonces en la existencia de estos pensamientos intrusos como causas de diversas patologías, podemos definir toda enfermedad psíquica, o toda neurosis, como un sistema complejo de pensamientos falsos que forman una estructura interpretativa de la realidad, de manera que el enfermo mental nunca tiene una mirada real y objetiva de los hechos, en tanto que estos pasan por el tamiz subjetivo de su sistema de pensamientos, los cuales, obviamente, son erigidos en base a sus pasiones desordenadas y- o vicios. De esta manera se refuerza la patología del paciente al no poder desenmascarar los artilugios interpretativos que lo encadenan a sus pasiones desordenadas.

Contrariamente, frente a las corrientes terapéuticas actuales de raigambre materialista que tienden a desvincular la ética de la psicología, los Padres de la Iglesia ven justamente en el desorden de carácter moral — es decir en la ausencia de virtudes o disposiciones habituales del sujeto para ordenar sus pasiones y encauzarlas según el orden de la razón – la verdadera causa de las enfermedades mentales.
Fases de la terapéutica psico-somático-espiritual

Podemos desarrollar las fases de esta terapéutica espiritual en los siguientes puntos.
1-Manifestación de los pensamientos al padre espiritual o al psicólogo: En primer lugar es necesario decir al confesor o psicólogo todos los pensamientos actuales que se repiten o tienen cierta subsistencia en el alma. Contra la tendencia psicoanalítica que reina en los ambientes académicos, los Santos Padres no recomiendan rememorar con detalles los antiguos pecados o conflictos del pasado sino sólo en la medida que estos tengan incidencia en el presente, pues el sólo hecho de revivir antiguas pasiones olvidadas puede llenar de tiniebla y oscuridad nuevamente el espíritu de la persona. La terapia se estructura desde el presente, y se remite al pasado sólo en la medida en que es necesario aclarar o combatir un pensamiento actual. Pues si bien el pasado vive en el presente por la continuidad de nuestro yo a través del tiempo, sin embargo, donde debemos encontrar el material para la práctica terapéutica, es en la realidad actual y en la situación concreta del ahora.

Entonces como primer punto el paciente debe relatar al psicólogo o director espiritual o acompañante los pensamientos que le invaden, sin callar ninguno. Esto le ayudará a crear el hábito de prestar atención a los pensamientos intrusos que insurgen en su mente. Sobre ellos se aplicará el examen y el análisis de lo que san Ignacio llama mociones (= movimientos) del alma.
Es muy importante que el psicólogo tenga un conocimiento cabal y exacto de los pensamientos de los que se ha hecho consciente la persona, los cuales son la puerta de acceso para arribar a otros pensamientos más profundos o aún inconscientes o simplemente inadvertidos, que son generalmente los que más daños generan.

Tenemos entonces dos tipos de pensamientos: los conscientes o advertidos y los inconscientes o inadvertidos. Estos últimos pensamientos rectores pero inadvertidos, son aquellos que constituyen el armazón del sistema neurótico, los pilares del edificio.

Desde la teología católica claramente esta estructura de pensamientos inconscientes, falsos y apasionados que arrastran a la neurosis o nacen de ella, se corresponden muchas veces con las heridas del pecado original, el cual dañó a la naturaleza femenina y masculina de distinta manera. debilitando la voluntad y creando una clara predisposición a ser dominado por este tipo de pensamientos o pensa-monios.

En este sentido la atención a su propia mente y pensamientos advenientes a ella, y la tarea del discernimiento de los mismos se le impone como necesaria a todo creyente para alcanzar la salvación. La tarea del pneumo-terapeuta consiste pues en ir distinguiendo varias capas de profundidad de este sistema de pensamientos neuróticos, tratando de penetrar hasta el estrato íntimo donde muchas veces la persona ignora lo que piensa realmente o cuáles son las pasiones desordenas más profundas que la gobiernan, entre las cuales según los padres espirituales encontramos la vanagloria y el orgullo.

Pues bien: los pensamientos que debemos pedir luz para sentir y reconocer, y que a menudo – según el momento espiritual en el cual nos encontremos – nos hacen la guerra – presentan en general las siguientes características:
+ Son pensamientos intrusivos, es decir nos vienen de afuera de nuestra voluntad, son autónomos y no voluntaria y libremente pensados, apoyándose en los puntos débiles de nuestra personalidad.                   + Son  pensamientos obsesivos que nos atormentan y nos hostigan: entristecen, amedrentan, irritan o inquietan, nos pueden quitar el sueño, distractivos, impedientes.
+ Son pensamientos mentirosos que buscan secundar nuestras pasiones, seduciéndonos con falsas razones para dar satisfacción a nuestras tendencias desordenadas en contra del bien de la razón.
+ Son pensamientos culpógenos o escrupulosos, que nos juzgan culpabilizándonos por nuestros actos o bien arguyendo una falsa compasión por los demás, o viendo pecado donde no lo hay.
+ Son otras veces en cambio estos pensamientos se presentan como llenos de luz, consoladores, presentando una máscara de falsa caridad, pero el mismo termina arrastrándonos a un estado de ansiedad, angustia o desolación, o a una decisión dañina para nosotros o nuestra familia.
Pues como dice San Ignacio el demonio puede transformarse en Ángel de luz y al principio suscitar en el alma consuelo bajo apariencia de bien para llevarla a sus fines perversos [12].

[12] Ver Larchet, Obra citada, p. 418: Pues bien, los principales obstáculos para el progreso espiritual los constituyen las pasiones, que son, como hemos mostrado, otras tantas enfermedades mentales

2 El segundo momento importante de la cura terapéutica es el combate contra los malos pensamientos. Pues no alcanza con manifestar nuestros pensamientos a un tercero sino estamos decididos a darle batalla y vencerlos. En este sentido los Santos Padres afirman que todo pecado o acto desordenado tiene su origen en un pensamiento apasionado, por lo tanto si queremos combatir nuestros malos actos tenemos primeramente que luchar contra nuestros malos pensamientos [13] .

[13] Jean Claude Larchet, Terapéutica de las enfermedades espirituales, p. 449: Las manifestaciones externas de las pasiones en unos actos malos tienen su principio en las manifestaciones internas de esas mismas pasiones bajo la forma de movimientos internos, imaginaciones o pensamientos

La terapéutica, desde esta perspectiva, pondrá el acento más en los pensamientos que en las acciones, insistiendo en la necesidad de examinar y rechazar los primeros antes que los segundos. No basta luchar efectivamente contra nuestros vicios reprimiendo los actos exteriores solamente si no atacamos los pensamientos que son la causa de los mismos.

Esta lucha es principalmente interior. La terapéutica implica sobre todo un cambio de las disposiciones interiores, una conversio cordis, o conversión del corazón, donde el alma, a través de una verdadera introspección guiada por un guía experto, va señalándole los pensamientos desordenados que la acechan, para luego combatirlos y vencerlos. Este combate para los Santos Padres constituye un verdadero arte de discernimiento en el cual es necesario proceder con método y disciplina. San Máximo explica admirablemente este mecanismo:
De las pasiones ocultas en el alma reciben los demonios los medios para suscitar en nosotros pensamientos apasionados. Luego, mediante estos pensamientos, asaltan al espíritu y lo empujan a la fuerza hacia una actitud de sumisión al pecado. Una vez dominado, lo conducen al pecado de pensamiento, después, realizado este pecado, lo precipitan al pecado de acción [14] .

[14] Máximo el confesor, Centurias sobre la caridad, II, 20, 31

Por eso el principal enemigo del hombre no es el mundo, ni aquello que se encuentra fuera de sí mismo, sino sus propios pensa-monios que lo acosan constantemente (Influentia y circumdatio) y contra los cuales debe entablar una lucha sin cuartel, orando a la vez y pidiendo la gracia divina para conocerlos, y para obtener la purificación.

La verdadera libertad de espíritu se juega a nivel interior, cuando uno alcanza la paz y la sobriedad del alma, la impasibilidad. Este estado de impasibilidad –según los Santos Padres- corresponde al estado de salud espiritual y psíquica, donde las pasiones y los pensamientos malvados ya no tienen un dominio sobre el alma, y son rechazados y discernidos en sus primeros movimientos sin comprometer el consentimiento de la voluntad.

Por otro lado, como ya lo explicamos, los Santos Padres equiparan los pensamientos apasionados con los demonios mismos, de esta manera el combate contra los pensamientos apasionados es simultáneamente un combate contra las potencias angélicas malvadas cuyo campo de batalla es justamente el corazón del hombre, su interioridad. La verdadera terapéutica no puede escindirse de la mística y de la ascesis, en tanto que la efectividad del tratamiento supone considerar este combate sobrenatural contra entidades espirituales, utilizando también armas espirituales adecuadas para su develamiento y remisión.

LOS MECANISMOS DE LA TENTACIÓN

Ahora bien, para luchar contra los malos pensamientos es necesario tener muy presente el mecanismo de la tentación, es decir tres etapas a través de las cuales se desarrolla el ataque.

Como primer momento nos encontramos con una simple sugerencia, es decir un pensamiento o una imagen o un recuerdo, o un estado de ánimo que hace irrupción en el alma. San Ignacio lo llama moción, por ser un primer movimiento por el que somos movidos y no nos hemos querido mover nosotros mismos. Puede ser una mera representación que hace su aparición de manera fortuita, ya sea una imagen, un recuerdo, una sensación, un estado de ánimo sin causa advertida.

El segundo momento estaría relacionado con la acogida de esa moción o representación por parte del sujeto. San Juan Damasceno la define como la recepción del pensamiento que el enemigo nos ha sugerido . La persona inicia una conversación o diálogo con el pensamiento o imagen, sopesando posibles refutaciones para contrarrestarlo. Esta recepción puede ser con pasión o sin ella, en el primer caso la persona va cediendo al pensamiento apasionado, se entretiene con él, quedando apegada a él. Cuando una persona no reacciona inmediatamente contra el pensamiento claramente advertido como malo, cuando no lo rechazándolo inmediatamente con aversión interior, se dice que el estado de esa alma es de “pecado venial”.

Como consecuencia de admitirlo sin rechazarlo, la seducción y la fuerza de convicción del pensamiento va creciendo para lograr el pleno consentimiento de la voluntad.

Aquí entramos en el tercer momento, donde el hombre da su conformidad al pensamiento y acepta actuar conforme a él. Los otros dos momentos de la tentación nos marcan la caída en el pecado y en la acción externa, donde el pensamiento tentador se adueña de nuestra alma permaneciendo nuestras potencias espirituales cautivas de sus ilusiones y aparentes razones.

Aquí, tras la tentación, ocurre la vejación demoniaca que empieza a actuar sobre el psiquismo de la persona sometiéndola a esclavitud y a merced de un impulso ciego, alienante, que según San Juan Clímaco, destruye el anterior estado excelente de nuestra alma .

Las tres fases de la tentación, apuntan a culminar en el acto mismo correspondiente al pensamiento al que previamente se ha consentido, y por último la pasión se desordena y puede ser el primer eslabón de una cadena. Es lo que suele suceder con el acto inaugural de un vicio, el primer porro, entrada al casino, relación sexual, la primera embriaguez, etc.

La repetición de los actos se refuerza haciéndose una disposición habitual de nuestra naturaleza en la medida que este mecanismo se repite por el imperio mismo del asentimiento inicial. Este es, en efecto, el proceso de constitución y consolidación de vicios y adicciones.

El placer y la pasión se refuerzan mutuamente en la medida que la persona repite el acto, generando un hábito malo, llamado vicio. Es un mecanismo psíquico autónomo a la manera de un condicionamiento.
Asimismo la lucha y combate contra los malos pensamientos se encuentra en el primer o segundo momento, al rechazar las mociones o sugerencias que el enemigo nos sugiere, no permitiendo que estas tomen posesión de nuestras facultades.

Un primer reconocimiento y diálogo desapasionado con los pensamientos para refutarlos y contrarrestarlos, no es pecado. Ésta, en efecto, era una práctica habitual en el monacato de oriente que Evagrio Póntico sistematiza en su libro Antirrheticos . Sin embargo esta forma de combate implica un cierto riesgo, puesto que necesariamente va acompañada de una turbación o inquietud por platicar con el enemigo. La mejor manera y más rápida es entonces no dejar entrar la sugerencia en el alma desde el primer instante en que aparece, rechazarla de raíz. Esta es la vía más efectiva donde uno se exime de la tarea de refutación.

Ahora bien: a menudo, en la terapia, nosotros nos encontramos con pensamientos apasionados que ya hicieron su mella en el alma dando origen a pasiones desordenadas, de manera que nuestra tarea terapéutica consiste por sobre todo en discernir el origen de esos pensamientos y establecer una discusión con ellos para contrarrestarlos.

El paciente que se encuentra en un estado de máxima confusión y oscuridad debe ser humilde y dócil para dejarse conducir como un ciego hasta que pueda ir vislumbrando poco a poco los rayos de luz que lo conduzcan nuevamente al estado de salud.

Luego que la persona haya recuperado su salud mental, es importante que el paciente vaya desarrollando un olfato espiritual que le permite oler el sabor de los malos pensamientos desde sus primeras mociones para rechazarlos apenas hacen su aparición en el alma, esta técnica de combate es importante como medio de profilaxis y prevención para evitar recaídas. Podríamos decir que toda la terapia católica tradicional es una gran antirrhesis donde la persona va rechazando, refutando uno por uno los pensamiento o tentaciones del enemigo que están en la base de su enfermedad espiritual, y para eso es importantísima la virtud de la vigilancia y la humildad.

De este modo escribe San Juan Crisóstomo:
De los malos pensamientos, unos no llegan a franquear el umbral de nuestra alma, si hemos sabido proveerla de buenas murallas, otros después de nacer en nosotros, crecen si no tenemos cuidado, pero si sabemos prevenir su progreso, pronto los ahogamos y enterramos. Otros, por último, nacen, crecen y se desarrollan en malas acciones, arruinan la salud de nuestra alma en cuanto nuestra negligencia traspasa los límites .

VIGILANCIA Y ATENCIÓN

Otros de los pilares del tratamiento terapéutico consiste para los Santos Padres en el desarrollo de dos cualidades o virtudes – la atención y la vigilancia – que actúan como escudos de protección y o centinelas de nuestra la salud psíquica. Ellas junto al discernimiento, son -según Abba Poimén-, las guías del alma ; es decir: las encargadas de conducir al paciente por el camino de la sanación.

Justamente, en términos terapéuticos, la atención y la vigilancia implican una tarea de introspección constante y de atención sostenida sobre los propios movimientos interiores de manera de reconocerlos en su origen y evitar que tomen posesión del alma los malos, o por el contario acatar y dejarse guiar por los buenos.

Son, podríamos decir, los guardianes de nuestra salud, que nos advierten de las acechanzas del enemigo antes que puedan desbaratar nuestra paz interior. Sin estos custodios del corazón -como también ellas son llamados a menudo- sería imposible vencer las tentaciones, librarse del pecado y evitar caer en la enfermedad.

En segundo lugar la vigilancia implica una tarea de discernimiento, de examinación de los propios pensamientos para conocer su naturaleza, es decir para juzgar si vienen del bueno o delmal espíritu.

En este campo las famosas reglas de discernimiento de San Ignacio han sido un verdadero tesoro para la Iglesia y para la fe de los fieles, siendo una síntesis formidable de conocimiento y sabiduría espiritual para conocer el accionar de los espíritus en nuestra alma conforme a modos de obrar característicos según los diferentes estados de un alma.

VELAD Y ORAD PARA NO CAER EN LA TENTACIÓN

Por último nos resta hacer una breve referencia a la oración como la vía sobrenatural y más excelsa para alcanzar la salud del alma. Ella, junto a los sacramentos, es quien nos brinda ese auxilio sobrenatural para lograr la victoria definitiva, siendo la principal armadura y escudo contra los demonios. Ya que gracias a que Nuestro Señor Jesu Cristo con su cruz y resurrección, ha vencido al acusador de los hombres, nosotros mediante la invocación de su gracia todopoderosa podemos con su auxilio, vencer nuestras tentaciones. La oración nos une con Cristo proporcionándonos un escudo inexpugnable contra los enemigos, y al mismo tiempo, un poder sobrenatural para destruir los pensamientos extraños y malvados .

Sólo ese diálogo con Dios en la tentación implorando socorro, puede ponernos en el camino de la humildad o custodia del corazón, sabiendo que la victoria no nos pertenece y que peleamos el santo combate con la fuerza de Dios. La oración es la garantía de que podremos llevar adelante nuestra misión hasta el “todo está cumplido” y que Dios pelea con nosotros el combate espiritual contra los malos pensamientos.

Los santos padres aconsejan – por sobre todo – recurrir a la así llamada Oración de Jesús, que es la invocación constante del nombre de Jesús, de manera de orar sin parar. Esta técnica muy difundida en oriente es considerada un remedio universal para todas las pasiones desordenadas que como sabemos tienen su origen en los malos pensamientos; mediante esta sencilla jaculatoria el orante alcanza la impasibilidad, que para los padres es el equivalente de la salud espiritual.

Terminamos esta exposición con las bellas palabras de Filoteo el Sinaíta:
«El recuerdo de Jesús disipa de forma natural todos los sortilegios de los pensamientos, las reflexiones, los razonamientos, las imaginaciones, las figuras tenebrosas, en una palabra, todo aquello mediante de lo que el Malhechor se vale para combatir a las almas y se enfrenta a ellas….si lo invocamos a Jesús Él consume todo fácilmente» .Cuarenta capítulos népticos, 47

4 comentarios en «PESADILLA Y DESPERTAR DE LA BELLA DURMIENTE [9]
INTERVALO PSÍQUICO-ESPIRITUAL
»

  1. Me resulta un material de suma utilidad, confiable por la coherencia con nuestra fe.
    Hay tanta necesidad hoy día de clarificar esto.
    No pude leer sino hasta el punto RESUMEN, luego viene el Tratamiento.
    Es para leerlo detenidamente, hay una explicación clara de la influencia u origen sobrenatural de enfermedades psíquicas. me resulta clarificador.
    Por supuesto, que de provecho personal.

  2. Hoy pude leer la segunda parte de esta 9ª salida del «Folletín».
    Confieso que ayer me quedé afligida, al punto que hubo perturbación en el sueño.
    Estaba desanimada, dudosa, angustiada. De esto hay que hablar, pensaba continuamente.¿Será un mal pensamiento del intruso, por los efectos que causó? Seguro que sí. Ahora al objetivarlo, me doy cuenta.
    A medida que fui leyendo este «tratado» , se fue haciendo la luz.
    Importantísimo clarificar los pasos de la tentación y la decisión de luchar contra el pensamiento o recuerdo tan pronto como aparece; de lo contrario es una tortura: el enemigo lo hace.
    Sí, la oración del corazón es un excelente medio para vencer los pensamientos malos: los vences en el Nombre de Jesús. Y ya tengo varias experiencias desde que comencé con la oración del corazón. Anoche lo vencí por el Nombre de Jesús. Lo venció EL.
    Gracias Pâdre Bojorge, gracias Mariana por este don tan grande que nos hacen.

  3. Gracias Padre por permitirme publicar esta humilde contribución en su blog. Dios quiera que sea de provecho para muchas almas. Gracias Paulina por tus palabras. Yo experimenté el mismo estupor al conocer y experimentar la acción de los pensamonios en mí misma, como también la alegría de la victoria bajo la luz de la humildad y la obediencia al pneumo terapeuta.

    1. Gracias a ti también Mariana por permitirnos publicar tus enseñanzas en nuestro blog y hacerlo llegar a tantísimos hermanos en la fe. Eso permitirá a muchos verse libres de los insidiosos y mortales pensamonios. P. HB.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *